.............................................................................................................................................................................................................Home /La Pluma del Pastor
 

¿DIVORCIO ECLESIÁSTICO-GUBERNAMENTAL?


¿Cuál debe ser la postura de la Iglesia de Jesús en medio de la política? Cuando digo iglesia no hablo de individuos, ciudadanos que tienen todo el derecho de ir en pos de sus ideologías políticas, sino que la pregunta involucra la totalidad del movimiento de una iglesia: ¿Deberíamos involucrarnos de tal manera que nos pintemos de algún color partidista y así lograr puntos de interés cristianos que ganen terreno en las esferas de gobierno? ¿O deberíamos mantenernos al margen de tales compromisos? Bueno, la respuesta es muy sencilla cuando dentro del tema se tiene una responsabilidad constitucional-legal.  Es decir, la iglesia como asociación religiosa tiene un compromiso categórico de no involucrarse en los procesos políticos.  No se puede utilizar el púlpito para hacer proselitismo, ni avalar candidatos para que los congregantes los apoyen, ni mucho menos involucrarse en actividades anti-constitucionales.  En lo individual, cada uno tiene un voto y una voz que se puede ejercer en las urnas y oficinas de gobierno con toda facultad sin infringir la ley. Con tales bases jurídicas debemos de buscar el significado de nuestra existencia (como iglesia) dentro del mundo político-gubernamental.  El otro extremo sería olvidarse de nuestras responsabilidades como ciudadanos y dejar de prestar atención a las propuestas de los candidatos que pretenden puestos de eminencia, así como el desarrollo y rendimiento de cuentas de nuestros gobernantes. 


La Biblia enseña que la iglesia del Señor es “cabeza, no cola”, Jesús nos delegó un grado de autoridad espiritual muy importante para permitir que el Reino de Dios sea establecido en el corazón de la gente.  Como un buen comienzo, somos llamados a ponernos en la brecha a favor de que Dios se manifieste en todo el mundo.  El pecado, la injusticia, la corrupción dentro de las esferas de gobierno, el clima de violencia que nuestro país vive, la inmoralidad y las legislaciones que atentan contra los principios del Reino de Dios, son temas de oración por los cuales hemos de derramar nuestro espíritu delante de Él para así permitir una apertura en el corazón de la gente que provoque arrepentimiento.


En segundo plano, hemos de aprovechar cada oportunidad para hablar con denuedo la Palabra de Dios.  Existió un evangelista inglés que predicaba en territorio británico. En una campaña evangelística se le informó que el Primer Ministro de Inglaterra se encontraba en la reunión y que debía tener cuidado con lo que decía en su predicación.  Éste hombre en lugar de bajar el tono de su prédica, con fuego y pasión predicó el evangelio del Señor Jesucristo sin hacer concesión delante de la autoridad terrenal.  Por supuesto que la autoridad gubernamental merece respeto y atención especial.  No en vano la Biblia enseña que toda autoridad es establecida por Dios.  De la misma manera Jesús nos enseñó a “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios, lo que es de Dios”, pero ello no significa achicar el Evangelio para no incomodar espiritualmente a las autoridades.   
En tercer lugar, la responsabilidad de la iglesia es prepararse para la obra del ministerio.  No me cabe la menor duda que Dios quiere levantar a hombres como José, Nehemías, Daniel y aquellos jóvenes hebreos que sirvieron en la corte de Nabucodonosor como asesores particulares del rey.  Hombres y mujeres con el temor de Dios que serán enviados a la política con el propósito de alcanzar a ésta clase y permitir ser usados por Dios para sus propósitos.  Por lo tanto, la responsabilidad de la iglesia es preparar a nuestros pequeños y jóvenes en la cosmovisión cristiana, enseñanza que les habilitará servir a Dios y honrarle sin importar la función o trabajo que ellos desempeñen, sea éste en la política, el gobierno, corporaciones policiacas u otras profesiones. 

Por último, concluyo con lo siguiente, Jesús nunca buscó tener una plataforma política para que la iglesia creciera, fuese bendecida, se le brindaran oportunidades especiales, ni para que se establecieran regímenes cristianos. Sin embargo, todo tipo de personas se acercaban a Jesús con diversas necesidades y muchos de ellos quebrantados se entregaron a Él y buscaron el corazón de Dios. Entre dichas personas hubo gobernantes, esposas de gobernantes y gente de eminencia.  Las cosas no han cambiado, la iglesia es la máxima representación de Jesús sobre la tierra, por lo tanto, la presencia de la iglesia, cuerpo del Señor Jesús, debe de estar en todo lugar, debe ser sensible, pero cuidadosa para no traspasar la línea delgada de nuestros propósitos y así cumplir la voluntad de Dios, a nivel individual y colectivo.  En este fin de semana de elecciones, debemos cumplir con nuestra responsabilidad de ir a depositar nuestro voto en las urnas y discernir las personas idóneas para proponer soluciones que nuestro país, estado y ciudad necesitan, especialmente en el tema de la seguridad, economía y sociedad.